miércoles, 27 de agosto de 2008

Desde el 18 al 22 de Agosto! Análisis del texto!


Análisis de texto

El texto se encuentra basado en la posibilidad de establecer consonancias posibles entre aspectos culturales propios de la edad media y algunos movimientos que tuvieron lugar durante la edad contemporánea.

En primer lugar se debe hacer mención a lo que el autor refiere como “la invención de la edad media”, esto es, la escritura, el relato ideológico que llevó a la denominación de la edad media como tal hacia el siglo XVII. Esto se debería principalmente porque el hombre renacentista, humanista, comenzó a observar que su tiempo era una reminiscencia, recuperación y revaloración del mundo antiguo, más bien dicho, clásico, ese mundo clásico que se ve interrumpido por las incursiones de incivilizados, bárbaros, que destruyen el sentido de lo clásico dejando en ruinas al imperio romano. Es por esta razón que el período comprendido entre el mundo romano clásico y la edad moderna fue visto como una edad oscura, un mundo contrario a la civilización y a la refinación cultural, en lo que respecta al arte, especialmente. Con esto se quiere decir que el arte de la edad media es un arte de bárbaros, un arte tosco o, simplemente, mal hecho. Es este un arte godo, ya que el idioma latín tomó la palabra y el concepto “godo” (goti) para designar el arte medieval, el arte gótico, como la principal expresión de lo contrario a lo clásico, de lo “externo” a la civilización.

Sin embargo, es posible apreciar más de alguna semejanza o, más aún, consonancia, entre movimientos y tendencias que surgieron dentro del mundo medieval que han cobrado una importancia mayúscula dentro de nuestro mundo occidental, estableciéndose los paralelos en cuatro dimensiones del artista, dentro de su ethos, su alma, su creación y su misión dentro de la sociedad. La primera de estas dimensiones es la que se refiere al artista como un demiurgo, es decir, como un creador- transmutador de la materia y de la esencia de los materiales. El demiurgo transforma a la materia desfavorecida por la belleza en una creación con vida y significados propios, lo que transpuesto al mundo cristiano se relaciona a la misma creación del mundo por demiurgos, creadores de luz y tinieblas. El arte actual o de vanguardia repite este proceso, siendo que el artista se presenta como un transformador de la realidad tomando los elementos de la naturaleza convirtiéndolos en un nuevo mundo gobernado por no-leyes convencionales.

En segundo lugar conseguimos ver al artista itinerante, como homo viator, un artista que no pertenece a ningún lugar, es de todas partes pero a la vez de ninguna, se podría decir. Esto se ve traducido, a la vez, en que el artista pertenece a una organización, es decir, en que no va solo, sino que pertenece a una comunidad en la que cada miembro desempeña una función. Estos artistas itinerantes que avanzaban en comunidades de artesanos, caracterizan el arte del camino, el que se distribuye o caracteriza las rutas de peregrinación principalmente, constituyendo este territorio vial su principal punto de encuentro y relación. En definitiva, su vida comunitaria y errante define su carácter de hombre libre, la utopía que la Bauhaus de los años 20 del siglo recién pasado consideró como su utopía.

En tercer lugar el artista puede ser un vidente, un chamán, un curador del alma de su tiempo, es decir, es un extático de su propia imagen. La noción medieval es que para volver a nacer se requiere una muerte, o al menos un tipo de muerte, un opus nigru. Es esta visión extática y curadora la que confiere al artista el don de convivir con la armonía universal, como lo hace Hildergard von Bingen que expone que la música del cosmos repetida dentro de la música del ser en su armonía reafirman que la realidad vive en la media del cosmos.

Finalmente es posible apreciar el contexto del artista, la fiesta, la celebración, el carnaval. Es esta dimensión la que define el carácter artístico de una época, o mejor dicho, de un territorio, ya que el Medioevo es el momento de la cultura popular, del folklore. Es en las fiestas donde el artista medieval se presenta cumpliendo las funciones que definen las anteriores definiciones. Es en las liturgias donde el teatro se presenta fervorosamente como un elemento más de fe y de creencia, de participación con la comunidad espiritual, donde la ceremonia religiosa es vista como elemento unificador con dios y el cosmos. La fiesta es la ruptura del tiempo y el artista es el protagonista en ella. Actualmente el teatro popular nos transporta hasta esa dimensión olvidada y subvalorada del artista, como el ejemplo del teatro Du Soleil, refiriéndonos la mitología de lo popular, de lo carnavalesco.

Es así, en definitiva, como las consonancias del ethos artístico se puede apreciar dentro del mundo en crisis, del mundo globalizado con síndrome catastrófico de pérdida de memoria que nos recuerda que la posibilidad de encontrar caminos, creaciones, curaciones y fiestas nos transportan dentro de la memoria cultural del carnaval humano.

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